Volver a empezar

Por Jueves, marzo 19, 2015 0 Permalink 0

Libró varias batallas hasta desprenderse del mundo irreal, ése que había sido su hábitat durante todo ese tiempo en que no era necesario buscar excusas.

Porque la vida imaginaria era perfecta. Ahí encontraba acomodo a sus emociones, sus sueños, sus utopías…El presente inventado existía sumiso a esas fábulas fantasiosas donde nunca nada no marchaba bien.

En ese universo incierto encontraba sin buscar, recibía casi sin dar, no necesitaba pedir para tener, instar para conseguir, suplicar para obtener.

Jamás imploró y siempre logró casi todo. Y así, una y otra y otra vez. Y así durante tiempo y tiempo, no requería de más mundos.

Hasta que llegó el golpe. El estacazo fue tremendo. Desde el exterior llegó el certero azote que desmoronaría su frágil cascarón y le obligaría a topetar de repente con la realidad que se percibe cuando descubres que solo amar no basta, sembrar no te lleva a recoger, tu entrega no se compensa con gestos. Aunque fue mucho más doloroso descubrir que su precio solo era calderilla.

Y en ese preciso instante se percató de la artificialidad de su realidad. Ninguneado, doliente, el mundo hipotético tan minuciosamente creado y mimado ya no era cobijo. Todo pasó a ser ilusorio.

Era necesario cambiar de piel, pero en esa metamorfosis casi llegó a enloquecer. Enfrentarse al mar abierto del futuro requería mirar afuera. Había mirado adentro demasiado, era precisamente en su mundo introvertido donde se había refugiado, tal vez, en exceso.

Su espacio imaginario era tan cálido y plácido, tan inmenso que, de repente, se sentía pequeño, sin saber por dónde empezar y con la obligación de crear para volver a empezar.

Decir adiós siempre crea remordimiento. Cerrar capítulos y saltar hacía otros lares provoca todo tipo de alteraciones. Su cuerpo lo sabía, su mente lo intuía y su corazón lo sufría.

Olvidó el no puedo y aunque era consciente que las alas necesitan de un viento, inventó códigos nuevos, dibujó otros cuadros no tan imaginarios y fabricó una nueva ilusión que no le perdiera en recuerdos.

Ahora le esperaba un mundo nuevo de locura por estrenar, donde la luna sería blanca, el cielo estrellado y el sol radiante, nuevas luces, nuevos suspiros, nuevos sueños, sin utopías, sin arrebatos, sin sentir dejar atrás.  Al fin y al cabo, la vida es como es.

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